Autor: Grupo de Servicio

  • Características del servidor

    Estas características pueden describirse fácil y brevemente. No son exac­tamente lo que se nos ha hecho creer. No me refiero aquí a las cualidades requeridas para hollar el Sendero del Discipulado o el Sendero de Probación. Son bien conocidas y constituyen verdades trilladas de la vida espiritual y el campo de batalla… para la mayoría de los aspirantes. Aquí nos ocuparemos de esas cualidades que surgirán cuando el hombre actúe impelido por la Ley del Servicio, y aparecerán cuando se convierta en un verdadero canal para la vida del alma. Tres serán sus principales características:

    1. Como es de esperar, se caracterizará por su inofensividad, y la abstención de actos y palabras que puedan ser mal interpretadas. No dañará al grupo mediante palabras o sugerencias, intirectas e insinuaciones que expresan verbalmente disconformidad. Observen que no digo “que dañará al individuo”. Es innecesario recordar a quien trabaja de acuerdo a la Ley del Servicio, que no debe perjudicar a individuo alguno, pero cuando actúa bajo un excesivo estímulo espiritual e intensa aspiración, se ha de recordar a menudo que debe demostrar inofensividad grupal.

    2. La segunda característica consistirá en dejar a los demás servir como mejor les parezca, pues sabe que la vida que fluye a través del servidor individual debe tener salida y hallar sus propios canales; dirigir esas corrientes sería peligroso y podría impedir la realización del servicio designado. El servidor orientará su esfuerzo en dos direcciones:

    1. En ayudar a los demás a “permanecer en el ser espiritual”, así como él lo está aprendiendo.
    2. En ayudar al individuo para que preste servicio en el campo elegido y como desea hacerlo y no como cree que debería efec­tuarlo quien lo ayuda y observa.

    Aquí se debe aclarar un punto. La tarea de quienes actúan de acuerdo a la Ley del Servicio no la llevan a cabo primordialmente con ese grupo que trabaja hoy en el mundo bajo el efecto de la respuesta general a la que ya me he referido. Tales efectos pueden ser fácilmente clasifi­cados como actividades que, en conjunto, constituyen las instituciones filantrópicas, los experimentos educativos o los movimientos sociales en la vida de la comunidad. Los que responden a esto son legión, y la voluntad para servir de esta manera específica no requiere estímulo alguno, lo cual se evidenció definidamente en la admirable respuesta a las diversas y recientes campañas de beneficencia. El nuevo tipo de servidor deberá trabajar con quienes están estableciendo contacto con el alma y, por lo tanto, pueden trabajar regidos por la entrante nueva Ley acuariana, centralizados en la capacidad de permanecer no sólo en el ser espiritual, sino unidos a los demás trabajando subjetiva, telepática y sintéticamente. Esta diferencia merece cuidadosa aten­ción, pues fácilmente hará un esfuerzo inútil si se introduce en campos que ya están bien organizados, desde el punto de vista de lo logrado por los entes en ese campo.

    1. La tercera característica del nuevo servidor es alegría, la cual reem­plaza a la crítica (creadora de disidencias), y el silencio elocuente.

    Sería conveniente reflexionar sobre estas últimas palabras, pues su verda­dero significado no puede describirse con palabras, sino únicamente por medio de una vida dedicada a los nuevos ritmos y al servicio de la totalidad. Entonces esa “alegría elocuente” y ese “elocuente regocijo” pueden hacer sentir su verdadero significado.

    Astrología Esotérica: pp. 111-112.

  • El anhelo de servir

    Cuando se nos dice –empleando términos de la ciencia ocultista– que debemos servir y obedecer, no nos interesa. No obstante, servir es el método, por excelencia, porque despertar el centro cardíaco y obedecer, son igualmen­te poderosos para evocar de los dos centros de la cabeza la respuesta al impacto de la fuerza del alma y unificarlos en un sólo campo de reconoci­miento del alma. ¡Cuán poco comprenden los hombres el poder de sus anhelos! Sí el anhelo de satisfacer el deseo es fundamental en la vida de la forma del hombre, el anhelo de servir es similarmente fundamental para el alma del hombre. Esta afirmación es una de las más importantes de esta parte del tratado. Hasta ahora raras veces ha sido satisfecha. Sin embargo, siempre está presente hasta en los tipos de seres humanos más indeseables, y surge en los momentos más cruciales del destino o de la imperiosa necesidad, o suprema dificultad. El corazón del hombre es sano, pero, por lo general, está adormecido.

    ¡Servir y obedecer! Esta es la consigna de la vida del discípulo; palabras que han sido distorsionadas por la propaganda fanática que han hecho surgir fórmulas de filosofía y teología religiosas, fórmulas que han velado al mismo tiempo la verdad. Además fueron presentadas para que el hombre las consi­dere como devoción a la personalidad y obediencia a los Maestros y líderes, en vez de servir y obedecer al alma que existe en la totalidad. Sin embargo, la verdad emerge constantemente, y debe inevitablemente triunfar. Una vez que el aspirante en Sendero de Probación ha tenido una vislumbre de ello (no importa cuan insignificante sea) la ley del deseo, que lo ha regido durante épocas, dará lugar lenta y seguramente a la Ley de Repulsión que lo liberará a su debido tiempo de la esclavitud del no-yo. Esto lo conducirá a practicar la discriminación y el desapasionamiento, características del hombre que está en el camino de la liberación. Recordemos, por lo tanto, que la discriminación basada en la determinación de ser libre y el desapasionamiento que indica un Corazón duro, aprisionarán al aspirante en un cascarán cristalizado, mucho más difícil de romper que la prisión normal de la vida del hombre egoísta común. Este deseo espiritual egoísta es por lo general el mayor pecado de los pseudo esotéricos, y debe evitarse muy cuidadosamente. Por lo tanto, el que es inteligente se dedicará a servir y a obedecer.

    Astrología Esotérica, pp. 131-132.

  • ¿Qué es servicio?

    1. El servicio puede definirse como el efecto espontáneo del contacto con el alma, el cual es tan definido y estable que la vida del alma puede afluir al mecanismo que el alma debe obligatoriamente emplear en el plano físico. Así puede expresarse la naturaleza de esa alma en el mundo de los asuntos humanos. El servicio no es una cualidad ni una acción, tampoco una actividad que la gente debe realizarla esforzadamente, ni un método para salvar al mundo. Debe captarse con claridad esta diferencia, de lo contrario será errónea la actitud que adoptemos respecto a esta trascendental demostración del éxito que ha obtenido la humanidad en el proceso evolutivo. Servir es una manifestación de la vida. Es un anhelo del alma y es tanto un impulso evolutivo del alma como el instinto de autopreservación, o como la reproducción de la especie es la demostración del alma animal. Este es un enunciado de gran importancia. Es un instinto del alma, si podemos emplear una expresión tan inadecuada y, por lo tanto, innato y peculiar al desarrollo del alma. Constituye la característica sobresaliente del alma, así como el deseo es la característica sobresaliente de la naturaleza inferior. Es un deseo grupal, así como en la naturaleza inferior existe el deseo personal. Es el impulso hacia el bien grupal. Por lo tanto, no puede ser enseñado ni impuesto sobre persona alguna como evidencia deseable de la aspiración, que actúa desde afuera y está basada en la teoría del servicio. Es sencillamente el primer efecto verdadero que se evidencia en el plano físico, de que el alma comienza a expresarse externamente.

    Ni la teoría ni la aspiración harán ni podrán hacer de un hombre un verdadero servidor. ¿Por qué se demuestra tanta actividad para prestar servicio en el mundo?

    Sencillamente porque la vida, las palabras y los hechos del primer gran Servidor del Mundo, Aquel que vino a demostrar con toda claridad lo que es esencialmente el servicio, han producido lógicamente efectos, y los hombres intentan hoy ansiosamente imitar Su ejemplo, sin comprender que por la imitación no obtendrán resultados verdaderos, sino que sólo llegarán a ver las posibilidades existentes.

    En la actualidad, se busca con tanto ahínco dónde poder servir y se realizan tantos esfuerzos filantrópicos. Sin embargo, todo ello está profundamente coloreado por la personalidad y, con frecuencia, produce mucho daño, porque la gente procura imponer sus ideas sobre cómo servir y también sus técnicas personales a otros aspirantes. Quizás sean sensibles a la impresión, pero interpretan erróneamente la verdad y son influidos por los objetivos de la personalidad. Deben aprender a poner el énfasis sobre el contacto con el alma y familiarizarse con la vida egoica y no sobre el aspecto forma del servicio. Quisiera pedirles a quienes responden a estas ideas y son sensibles a la impresión del alma (que interpretan a menudo erróneamente la verdad y son influidos por los objetivos de la personalidad) que pongan el énfasis sobre el contacto con el alma y no en el aspecto físico del servicio. La actividad del aspecto físico realiza la ambición personal, y los envuelve en el espejismo del servicio. Al poner cuidadosa atención en lo esencial del servicio – el contacto con el alma-, éste será expresado en forma espontánea, en líneas correctas y dará muchos frutos. El servicio altruista y la profunda afluencia de la vida espiritual demostrada últimamente en el trabajo mundial, es un esperanzado indicio.

    Astrología Esotérica: pp. 106-108.

    1. Muchas personas poseen tanta teoría respecto al servicio y su expresión, que no prestan servicio alguno ni captan comprensivamente el período de dolor que precede siempre a un más amplio servicio. Las teorías obstruyen el camino hacia la veraz expresión y cierran la puerta a la verdadera comprensión. El elemento mente es demasiado activo.

    Astrología Esotérica: pp. 109.

  • La necesidad de servidores

    1. La necesidad actual del mundo nunca fue tan grande, ni la responsabilidad tan profunda, real y urgente, de quienes huellan el sendero del discipulado. Necesitamos a todos los que trabajan en este sendero y aspiran a liberarse. Necesitamos a quienes buscan un contacto estrecho con sus almas y con Nosotros, los que tratamos de guiar a la raza actualmente. Necesitamos colaboradores dedicados y altruistas como nunca antes en la historia de la raza. En los actuales días el ente es de muy poco valor, o simplemente de un valor colectivo normal, ante la presión del mundo y el desorden mundial, o si no puede ser de mucho valor.

    El Discipulado en la Nueva Era, II: pp. 596-597.

    1. El mundo pasa hoy por un período de preparación y un intervalo de adaptación al nuevo mundo y nuevo orden que están viniendo a la existencia. Este nuevo mundo es en verdad una nueva creación, y los Maestros desempeñan sus actividades trabajando siempre por intermedio de Sus discípulos. En este período de preparación Ellos se ocupan actualmente entre otras cosas, de preparar discípulos para el trabajo constructor a fin de que presten servicio y reciban eventualmente la iniciación. Por lo tanto, se ocupan de formar nuevos grupos de discípulos que puedan integrarse gradualmente en los grupos existentes y estar a disposición del servicio mundial. Se proyectó hacer esto en amplia escala debido a la necesidad mundial y a la disposición de los aspirantes del mundo a enfrentar riesgos personales, incidentales al trabajo preparatorio.

    El Discipulado en la Nueva Era, II: p. 624.

    1. Nada tiene tanta importancia en estos días, en que el grueso de la humanidad se halla en una situación tan angustiosa, como ayudar a liberarla a costa de cualquier sacrificio personal. Muchas personas actualmente se sienten tentadas a evadir todas las cuestiones y hallan en su tarea diaria, en sus responsabilidades kármicas y en sus reacciones emocionales cierta satisfacción como vía de escape a la acción directa y práctica en bien de la humanidad.

    ¿Aplica en forma práctica su capacidad de asumir la responsabilidad a fin de ayudar al grupo de trabajadores del mundo en todas partes, que están tratando de absorber el dolor del mundo? Un símbolo fulgura en el corazón de todos los que sirven a sus semejantes y eso es lo que buscamos, y cuando lo descubrimos nos indica la existencia de un servidor del mundo.

    En la actualidad el problema de todos los discípulos consiste en llevar a cabo con éxito la actividad propia de la tarea elegida como ciudadano competente y vocacional en la vida y, no obstante, y al mismo tiempo, llevar a cualquier precio una vida práctica de servicio.

    Los Problemas de la Humanidad, pp. 90-91.

    1. Se necesitan conocedores y aquellos de mente y corazón abiertos, que no tengan ideas preconcebidas, defendidas fanáticamente, ni antiguos idealismos, los cuales sólo deben ser reconocidos como que indican parcialmente las incomprendidas grandes verdades –verdades que pueden ser captadas en gran medida, y por primera vez, SI las lecciones de la presente situación mundial y la catástrofe de la guerra son debidamente aprendidas y la voluntad de sacrificarse entra en acción–. (10- 134)

    2. Es esencial que los servidores de todas partes – los hombres y mujeres inteligentes de buena voluntad- tengan una comprensión fresca y clara del trabajo a realizar, y se conviertan en canales de transmisión para la corriente divina y no en puntos egoístas de interferencia. Esto requiere visión y valentía. Hay que tener valor para adaptar las vidas –diariamente y en todas las relaciones– a la necesidad de la hora y al servicio de la humanidad; se necesita valor para atacar los problemas de la vida en bien de los demás, abandonar nuestros propios deseos personales en la presente emergencia y necesidad, haciéndolo continua y constantemente. Sin embargo hay mucho para estímulo del servidor. La Humanidad ha alcanzado ya un grado de desarrollo en que ha obtenido una definida comprensión del Plan de la Jerarquía, denomíneselo fraternidad, participación, internacionalismo, unidad o lo que se quiera. Esto es una creciente y real comprensión, reconocida generalmente por los pensadores y esotéricos del mundo, por las iluminadas personas religiosas, por los estadistas de amplia visión, por los industriales y es de negocio de visión incluyente y percepción humanitaria, y actualmente hasta por el hombre de la calle. Existe ya un reconocimiento más definido de los valores espirituales emergentes, y una mayor prontitud para renunciar a todo lo que obstaculiza el servicio. Los planes de Cristo, para liberar a la humanidad están algo más madurados, pues ha debido esperar hasta que la tendencia de la aspiración humana estuviera más definida; la Nueva Era ya se divisa en el horizonte con sus latentes posibilidades, libre de los velos del espejismo y anhelos que la oscurecían hace diez años. ¿Esto es un desafío para el discípulo. ¿Qué es lo que él debe hacer?

    El discípulo tiene que aceptarse él mismo tal como es, en cualquier momento dado, con cualquier equipo que disponga y bajo cualquier circunstancia; entonces él, sus asuntos y su tiempo de subordinan a la necesidad del momento –especialmente durante el período de crisis grupales, nacionales o mundiales–. Cuando lo haga a conciencia y piensa en términos de verdaderos valores, descubrirá que sus problemas particulares se resuelven, su capacidad aumenta y olvida sus limitaciones. Ocupa el lugar que le corresponde entre aquellos que perciben las necesidades del ciclo entrante –ciclo donde las nuevas ideas e ideales deben ser recalcados y por los cuales hay que luchar–; donde planes más amplios para el bien de todos han de ser comprendidos, apoyados y divulgados y la nueva y clara visión del vivir humano ha de ser captada y finalmente llevada a la manifestación; y en que el esfuerzo de todos los Miembros del Nuevo Grupo de Servidores del Mundo deberá dedicarse a aliviar la carga de la humanidad. (11-154/5)

    1. Ustedes son almas adultas y progresan mediante el servicio definido, no porque se los ayude. Tienen la tarea de ayudar en el trabajo que la Jerarquía planea realizar; encontrar los métodos y medios por los cuales ese servicio puede ser inteligentemente prestado; descubrir cómo satisfacer la necesidad mundial (no la necesidad de su grupo); financiar la parte del trabajo que les corresponde en la Hermandad que el alma les ha asignado, y desempeñar su parte en el desarrollo de esas actitudes humanas necesarias, si queremos que exista la verdadera paz en el mundo en 1975. Si este trabajo es convenientemente realizado, puede establecerse una unidad mundial, un esfuerzo espiritual unido y una “participación” económica, que pondrá fin a toda competencia y a la injusta distribución actual de lo necesario para vivir. (13-271/2)

    2. El faro de la Jerarquía escudriña hoy el planeta y entre las masas selecciona a hombres y mujeres que dan señales de su posibilidad esotérica, y tienen como factor fundamental básico en sus vidas el amor a la humanidad y al Cristo.

    La persona devota común que constantemente se consagra y dedica al Cristo o a los Maestros con espíritu de adoración, no será seleccionada para este entrenamiento específico. Su actitud y desarrollo se interponen violentamente entre ella y su objetivo. Se busca al hombre que se olvida de sí mismo y le interesa más ayudar a los seres humanos afligidos, pero no obstante está firmemente convencido de la realidad de los mundos invisibles. (13-571/2)

    1. Sólo me queda advertirles que si los que saben y les ha sido señalado el camino de salida no se consagran a sí mismos y todo cuanto poseen, sin reserva alguna, para ayudar al mundo en su momento de necesidad, el trabajo no se llevará a cabo ni se materializarán los planes de la Jerarquía. Si esto no tiene lugar dentro de un futuro inmediato entonces quizás sea necesario descubrir nuevos y drástico métodos. (15-555)

    2. La necesidad de que presten servicio hombres y mujeres liberados de la ilusión y del espejismo, nunca ha sido tan dramática como hoy, y escribo esto para los servidores en potencia, que pueden llenar una necesidad imperiosa.

    Que el Ángel de la PRESENCIA pueda hacer sentir su proximidad y los inspire para que atraviesen valientemente los fuegos de la tierra ardiente, es mi más ferviente plegaria; que la realidad de la PRESENCIA pueda ser sentida por ustedes y los conduzca a una mayor actividad –una vez que hayan cruzado la tierra ardiente–, es mi más profundo deseo; y que la luz ilumine su camino y traiga una segura y verdadera consumación de todos los afanes y luchas que han caracterizado la manera de vivir, es mi cordial deseo. Los insto a una empresa más activa y constante. (10-207)

  • La Ley del Servicio

    1. La Ley del Servicio rige el futuro. En la antigüedad el aspirante se dedicaba a servir a su propia alma, poniendo el énfasis sobre la propia salvación individual, siendo lo único que consideraba. Luego vino el período en que el servicio al Maestro ya la propia alma se consideraba de primordial interés; se servía al Maestro y se acentuaba el deber hacia él, porque contri­buía a la salvación del individuo. Hoy se emite una nueva nota – la nota del progreso sirviendo a la raza y practicando el olvido de sí mismo. (5-506/7)

    2. Algún día llegarán a comprender que la Ciencia del Servicio tiene mayor importancia que la Ciencia de la Meditación, porque el esfuerzo y la ardua actividad del discípulo servidor evocan los poderes del alma, hace de la meditación un requisito esencial y es el método – más avanzado que cual­quier otro – para invocar a la Tríada espiritual, intensificar la vida espiritual, forzar la construcción del antakarana y conducir a una serie graduada de renunciamientos hasta llegar a la Gran Renunciación, que libera al discípulo para toda la eternidad. (6-60/1)

    3. Llegamos así a considerar la tercera Ley del Alma que rige toda la actividad del alma. Es la Ley del Servicio. Sin embargo, antes de entrar a dilucidar este tema, trataré de exponer tres cosas que merecen cuidadosa atención:

    Primero, el resultado de todo contacto efectuado en la meditación y la medida de nuestra realización, estarán determinados por el consiguiente servicio prestado a la raza. Si hay correcta comprensión, habrá necesariamente correcta acción.

    Las tres grandes ciencias que tendrán preponderancia en la Nueva Era y llevarán a la humanidad de lo irreal a lo real y de la aspiración a la realización, son:

    1. La ciencia de la Meditación, la futura ciencia de la mente.
    1. La ciencia del Antakarana o la ciencia de erigir el puente, entre la mente superior y la inferior.
    1. La ciencia del Servicio, definida técnica de unificación. Consideraremos ahora los amplios delineamientos generales de esta ciencia, porque es el principal factor liberador en la vida del discípulo.

    Segundo, esta Ley del Servicio no puede ser evadida. Eludirla trae el consiguiente castigo, si se hace conscientemente. La capacidad de servir marca una definida etapa de progreso en el Sendero y, hasta no llegar a esa etapa, no puede prestarse un servicio espontáneo brindado con amor y guiado por la sabiduría. Hasta ese momento lo único que habrá serán buenas intenciones, diversidad de móviles y frecuente fanatismo.

    Tercero, esta Ley del Servicio la expresó plenamente, por primera vez, el Cristo hace dos mil años…

    La era pisceana preparó lenta, muy lentamente, el camino para la divina expresión del servicio, que será la gloria de los siglos venideros. Hoy el mundo está llegando firmemente a comprender que “ningún hombre vive para sí mismo” y que sólo cuando el amor, sobre el cual se ha escrito y hablado tanto, se exterioriza como servicio, el hombre puede estar a la altura de su capacidad innata.

    No es fácil servir. Recientemente el hombre comienza a aprender a servir.

    El servicio generalmente se interpreta como algo muy deseable, pero raras veces se comprende cuán difícil es servir. Implica sacrificar tiempo, todo aquello que nos interesa y las propias ideas; requiere un trabajo excesivamen­te arduo, porque necesita un esfuerzo deliberado, sabiduría consciente y habilidad para trabajar sin apego. Estas cualidades no las logra fácilmente el aspirante común; sin embargo, la tendencia a servir es una actitud que posee hoy una vasta mayoría de personas en el mundo. Tal el éxito obtenido por el proceso evolutivo.

    A menudo se considera que servir consiste en lograr que las personas adopten el punto de vista de aquel que sirve, porque para el pseudo servidor es bueno, verdadero y útil y, lógicamente, creerá que será bueno, verdadero y útil para todos. Muchos creen que servir es darle algo al pobre, al afligido, al enfermo y al desgraciado, porque consideran que deben ayudarlos, sin comprender que esta ayuda se ofrece primordialmente porque se sienten incómodos ante las condiciones afligentes y, por lo tanto, deben esforzarse por mejorar tales condiciones a fin de sentirse nuevamente cómodos. Esta forma de prestar ayuda, alivia el propio malestar, aunque no logre liberar ni aliviar a los que sufren.

    El servicio demuestra con frecuencia un temperamento preocupado o superactivo, o bien una disposición de autosatisfacción que lleva a su posee­dor a realizar ingentes esfuerzos para cambiar las condiciones y convertirlas en lo que él cree que debe ser, obligando así a las personas a estar de acuerdo con lo que el servidor cree que debe hacerse.

    También el servicio puede surgir del deseo fanático de seguir los pasos del Cristo, el gran Hijo de Dios que “hizo el bien” y dio el ejemplo para que siguiéramos Sus pasos. Por lo tanto estas personas sirven por el sentido de obediencia y no por el sentimiento espontáneo de exteriorizarse hacia el necesitado. Allí no existe esa cualidad esencial de prestar servicio, y todo se reduce a tentativas. El servicio puede similarmente efectuarse por un profun­do y arraigado deseo de alcanzar la perfección espiritual, considerada una de las facultades necesarias para el discipulado, y el que quiere llegar a ser un discípulo debe servir. Esta teoría es correcta, pero carece de la sustancia viviente del servicio. El ideal es correcto, verdadero y meritorio, pero el móvil que subyace en él es completamente erróneo. El servicio puede ser prestado porque está de moda y se ha convertido en una costumbre el estar ocupado haciéndolo de algún modo. La marea sube. Todo el mundo sirve activamente en sociedades de beneficencia, en empresas filantrópicas, en la Cruz Roja, en instituciones de elevación cultural y en la tarea de aliviar las malas condiciones del mundo. Servir está en boga. Servir da la sensación de poder, conquista amigos y es una forma de actividad grupal y, con frecuencia, beneficia mucho más al servidor (en el sentido mundano) que al servido.

    Sin embargo, a pesar de los móviles erróneos y las falsas aspiraciones, se presta un constante y espontáneo servicio. La humanidad va hacia una correcta comprensión de lo que significa servir. (15-101/4)

    1. Cuando el yo personal inferior se subordina a los ritmos superiores y obedece a la nueva Ley del Servicio, entonces la vida del alma comienza a fluir a través del hombre y llega a los demás: el efecto que produce en su familia y en su grupo inmediato se demuestra en real comprensión y en prestar verdadera ayuda. A medida que se aplique esa corriente de vida afluirá con más fuerza y se extenderá desde el pequeño grupo familiar circundante hasta quienes se hallan en las inmediaciones. Entonces se hace posible una amplia serie de contactos hasta que, oportunamente (si han vivido varias vidas influidos por la Ley del Servicio), el efecto de la vida afluyente puede llegar a ser nacional y mundial. Pero esto no debe ser planeado y tampoco se luchará para imponerlo como un fin en sí mismo. Será una expresión natural de la, vida del alma, adquiriendo forma y orientación de acuerdo al rayo a que pertenece el hombre y a la expresión de su vida pasada, y estará coloreada y ordenada por las condiciones ambientales – de tiempo, período, raza, edad. Será una corriente viviente y una acción espontánea, y la vida, el poder y el amor demostrados, provenientes de los niveles del alma, tendrán una fuerza poderosa y atractiva sobre las unidades del grupo con las cuales el discípulo puede entrar en contacto en los tres mundos de expresión del alma. No existen Otros mundos, actualmente, donde el alma pueda expresarse a sí misma. Nada puede impedir o detener el poder de esta vida de servicio natural y amoroso, excepto en esos casos en que se entromete la personalidad. El servicio, tal como lo entienden los Instructores del aspecto interno de la vida, es tergiversado y alterado y luego se convierte en intromisión; se trasforma en ambición; se realiza el esfuerzo a fin de que otros sirvan en la forma que nosotros creemos que debe servirse, y se trueca en amor al poder, que obstaculiza el verdadero servicio en vez de convertirlo en amor a nuestros semejantes. Existe una etapa peligrosa en toda vida cuando se capta la teoría del servicio y se reconoce la ley superior; entonces la cualidad imitadora de la personali­dad, su naturaleza simiesca y el anhelo que proporciona la aspiración de grado superior, pueden fácilmente confundir la teoría con la realidad, y las acciones externas de la vida de servicio con la natural y espontánea afluencia de la vida del alma a través de su mecanismo de expresión.

    Astrología Esotérica: pp. 109-110

  • El hombre común espiritualmente orientado

    El hombre común espiritualmente orientado, el hombre de buena voluntad y el discípulo, siempre son conscientes del desafío de la época y de la oportunidad que pueden ofrecer los acontecimientos espirituales. El deseo de hacer el bien y de llevar a cabo fines espirituales se agita incesantemente en sus conciencias. Quien ama a sus semejantes y sueña con la materialización del Reino de Dios en la tierra, o es consciente del despertar –por lento que sea– de las masas a los valores espirituales superiores, se siente totalmente insatisfecho. Se da cuenta que ha contribuido muy poco para lograr esos objetivos deseables. Sabe que su vida espiritual es secundaria y la guarda cuidadosamente para sí, temiendo frecuentemente hablar de ello a sus seres queridos y allegados; trata de ensamblar sus esfuerzos espirituales con su vida común y externa, de hallar tiempo y oportunidad para ello, en forma apacible, fútil e inocua. Se siente inerme ante la tarea de organizar y reajustar sus asuntos, para que predomine el modo espiritual de vivir; busca excusas y oportunamente razona con tanto éxito que llega a la conclusión de que, dadas las circunstancias hace todo cuanto puede. La verdad es que lo que hace es tan poco, probablemente una hora, quizás dos, de las veinticuatro del día, abarque el tiempo que le dedica al trabajo del Maestro; se escuda detrás del argumento de que las obligaciones del hogar le impiden hacer más, y no se da cuenta que, con tacto y comprensión amorosa, el ambiente hogareño puede y debe ser el campo donde él triunfe; olvida que no hay circunstancias en las que el espíritu del hombre pueda ser vencido, o en que el aspirante no pueda meditar, pensar, hablar y preparar el camino para la venida del Cristo, siempre que tenga suficiente interés y conozca el significado del sacrificio y el silencio Las circunstancias y el medio ambiente no constituyen un verdadero Obstáculo para la vida espiritual excuse tras el pretexto de tener poca salud y con frecuencia ciertas enfermedades imaginarias. Dedica tanto tiempo al cuidado de sí mismo, que el que podría dedicar al trabajo del Maestro es muy reducido; está tan preocupado con su cansancio, su resfrío y sus imaginarias dificultades cardíacas, que su “conciencia del cuerpo” se desarrolla constantemente hasta que con el tiempo domina su vida; entonces es demasiado tarde para hacer algo.

    Esto ocurre especialmente con las personas que han llegado a los cincuenta años o más. Difícilmente dejarán de dar esta excusa, porque se sienten cansados y doloridos, y en el transcurso de los años esto tiende a empeorarse.

    El único remedio para esta inercia progresiva es ignorar el cuerpo y sentir alegría en la vivencia del servicio. No me refiero a enfermedades definidas o a serios impedimentos físicos; a éstos se les ha de dedicar el cuidado y la atención debidos; me refiero a los miles de hombres y mujeres que se quejan y preocupan de cuidarse a sí mismos, desperdiciando horas que podrían dedicarlas a servir a la humanidad. Aquellos que tratan de hollar el Sendero del Discipulado deberían dedicar las incontables horas malgastadas en un inútil cuidado de sí mismos, a servir a la Jerarquía.

    Otra excusa que conduce a la inercia es el temor que tiene la gente de hablar acerca de las cosas del Reino de Dios; teme ser desairada o considerada anormal e intrusa. Por lo tanto, guarda silencio, deja pasar la oportunidad y nunca se da cuenta de cuán dispuesta está la gente para tratar las realidades, debido al consuelo y la esperanza que proporciona la idea de la reaparición del Cristo o de compartir la luz espiritual. Esta es esencialmente una especie de cobardía espiritual, y está tan difundida que es responsable de la pérdida de millones de horas de servicio mundial.

    Hay otra excusas, pero las mencionadas son las más frecuentes; liberar a la mayoría de las personas de tales condiciones obstaculizadoras aportaría al servicio de Cristo tantas horas y esfuerzo complementario, que la tarea de los que no presentan excusas se vería muy aliviada y Su venida sería mucho más inmediata. No nos concierne la dilucidación del ritmo de vida bajo el cual actúan el Cristo y la Jerarquía espiritual, ritmo que vibra en armonía con la necesidad humana y la respuesta espiritual. Lo que nos concierne es demostrar la cualidad de la actividad espiritual, sin amparamos detrás de la excusa. Es de principal importancia que toda persona espiritual sepa que puede y debe trabajar en el lugar en que se encuentra, entre las personas con las que está asociada y con el bagaje psicológico y físico que posee. No hay coerción ni presión alguna en el servicio que se presta a la Jerarquía. La situación es clara y simple.

    El Destino de las Naciones: pp. 144-146

    Psicología Esotérica I: pp. 510-512

  • Un llamado al servicio

    1. La unidad del mundo, la hermandad en su verdadero sentido, el acrecentamiento del intercambio telepático, la eliminación de lo no esencial que separa los pensamientos de los hombres y produce separatividad en el plano físico y el verdadero énfasis puesto sobre los fundamentos de la Sabiduría Eterna, la manifestación de una verdadera comprensión, la realización de la unificación con el alma, y el reconocimiento de aquellos que pertenecen al grupo de los Salvadores del mundo, es el trabajo inmediato que debe realizarse y absorber toda su atención.

    Esto y sólo esto, justifica la entrega de todo lo que alguno de ustedes puede dar -amor y vida, tiempo y dinero.

    Esto y sólo esto, justifica la existencia de cada uno, y evoca, en todos aquellos que responden a la visión, ese autosacrificio absoluto que es tan raro encontrar y de efectos tan trascendentes. Ofrendar todo lo que uno posee a los pies del Señor de la Vida para poder avanzar en el trabajo de salvación mundial, eliminar de la vida todos los obstáculos, dar todo lo que uno tiene, hasta el dolor de dar, reglamentar la propia vida sobre la base del renunciamiento, interrogándose a cada instante: ¿Qué renuncias debo hacer para poder ayudar más eficazmente?; eso y aún mucho, queda ante todos aquellos que oyen el llamado y responden a la necesidad y a la oportunidad.

    Discipulado en la Nueva Era, I: p. 312

    1. Cada vez que hay una tendencia a la síntesis y comprensión en el mundo; cada vez que lo inferior es fusionado con lo superior y la unidad es mezclada con el todo; cada vez que los conceptos grandes y universales hacen su impacto sobre las mentes de las masas, hay un consiguiente desastre y cataclismo y una destrucción del aspecto forma y de lo que podría evitar que esos conceptos se convirtieran en realidades en el plano físico. Este, por lo tanto, es el problema de los trabajadores jerárquicos: cómo evitar el tan temido sufrimiento y conducir al hombre, mientras la oleada de realización espiritual invade al mundo y efectúa su necesario trabajo. De allí el presente llamado al servicio, emitido como una clarinada para el oído atento de todos los discípulos.

    Este llamado al servicio halla generalmente una respuesta, pero una respuesta matizada por la personalidad del aspirante y por su orgullo y ambición. La necesidad es verdaderamente comprendida. El deseo de satisfacer esa necesidad es genuino y sincero; el anhelo de servir y elevarse es verdadero. El estudiante da los pasos necesarios que lo capacitarán para adaptarse al plan. Pero el inconveniente que debemos enfrentar forzosamente en el aspecto interno es que, aun no existiendo duda alguna respecto a la voluntad y deseo de servir, los caracteres y temperamentos son de tal índole, que se presentan dificultades casi insuperables. Por medio de estos aspirantes tenemos que hacer el trabajo, y con frecuencia el material que nos brindan da mucho que hacer.

    Características latentes

    Estas características latentes, a menudo no aparecen hasta después de haber emprendido el servicio. Los guías observadores pueden sospechar su existencia, pero ni aun ellos tienen el derecho de negar la oportunidad. Cuando tardan en aparecer, lo trágico es que otros sufren además del aspirante. A medida que el elemento humano se hace sentir y se desprende de la niebla del idealismo, de los hermosos planes y del demasiado hablar y reajustar, muchos son atraídos por el idealismo sincronizado que se congrega en torno al servidor. Cuando aparecen sus ocultas debilidades, esta gran mayoría sufre juntamente con él. El método de los Grandes Seres, de buscar a quienes se han entrenado en cierta medida para responder sensiblemente y trabajar por medio de ellos, trae consigo ciertos peligros. El aspirante común, bien intencionado, no se halla tan en peligro como el discípulo más avanzado y activo. El peligro lo acecha entres direcciones y puede arrastrarlo de tres maneras:

    I. Toda su naturaleza está bajo un indebido estímulo, debido a sus contactos internos y a las fuerzas espirituales con las cuales está en contacto; esto lleva consigo un verdadero peligro, porque apenas sabe cómo manejarse a sí mismo y casi es inconsciente del riesgo que corre.

    II. Las personas que trabajan con él son, a su vez, su problema. Su codicia, adulación, elogios y críticas, tienden a oscurecer su camino. Porque no está suficientemente desapegado ni espiritualmente avanzado, camina como aturdido en una nube de formas mentales, sin saberlo. Pierde así su camino y divaga, desviándose de su intento original, y tampoco lo sabe.

    III. Su latente debilidad emergerá bajo la presión del trabajo, e inevitablemente dará señales de derrumbe, si puedo emplear esta palabra. Se fortalecerán las fallas de la personalidad a medida que trata de expresar en el mundo su forma especial de servicio. Me refiero a ese servicio buscado por él mismo y formulado desde las profundidades de la ambición personal y amor al poder, aunque sea o no, parcialmente reconocido. Lógicamente está bajo tensión y -como hombre que lleva una carga pesada en una cuesta empinada – descubre puntos de tensión y evidencia la tendencia a derrumbarse físicamente, o a empequeñecer su ideal para estar de acuerdo con su debilidad.

    A todo esto hay que agregar la tensión de la época misma, y la condición general de la desdichada humanidad. Esto subconscientemente tiene su efecto en todos los discípulos, y en quienes actualmente trabajan en el mundo. Algunos demuestran signos de presión física, aunque la vida interna permanezca equilibrada y normal, sensata y correctamente orientada. Otros decaen emocionalmente, y esto produce dos efectos distintos según el grado de desarrollo del aspirante al servicio. A través de la tensión pueden estar aprendiendo el desapego, y en forma curiosa esto podría llamarse el “mecanismo de defensa” del alma en el presente período del desarrollo mundial, o estar cada vez más nerviosos, y en camino de convertirse en neuróticos. Otros, a su vez, sienten la presión en el cuerpo mental. En algunos casos están Confundidos, y no ven con claridad la verdad. Entonces siguen trabajando sin ninguna inspiración, porque saben que es correcto y también porque tienen el ritmo del trabajo. Otros captan la oportunidad tal cómo la ven, y para hacerlo acuden a la innata autoimposición (que es la principal falla de tipo mental), erigen una estructura en torno a su servicio y construyen una forma que en realidad encarna lo que ellos desean, y creen correcto, pero es separatista y fruto de sus mentes, no de sus almas. Otros, a su vez, que son más poderosos y están mejor coordinados, sienten la presión de la entera personalidad; la versátil naturaleza psíquica responde tanto a la necesidad como a la teoría del plan; comprenden que su acerbo es realmente valioso y saben que tienen algo con que contribuir. Pero están aún, tan satisfechos de su personalidad que el servicio se ve gradual y continuamente llevado al nivel de esa personalidad, por estar sus simpatías y antipatías, sus tendencias y hábitos individuales de vida, matizados por sus reacciones. Estas eventualmente se imponen y entonces el trabajador hace un buen trabajo, pero lo echa a perder debido a su separatividad inconsciente y sus métodos individuales. Esto significa que tal trabajador reúne a su alrededor sólo a quienes puede subordinar y gobernar. Su grupo no estará matizado por los impulsos de la nueva era, sino por los instintos separatistas del trabajador en el centro. El peligro es tan sutil que un discípulo debe tener mucho cuidado al hacer su propio análisis. Es tan fácil dejarse ilusionar por la belleza y visión de los ideales propios, por la supuesta rectitud de su propia posición y, sin embargo, estar todo el tiempo bajo la influencia subjetiva del amor al poder personal, ambición individual, celos de otros trabajadores y las muchas trampas que acechan al incauto discípulo.

    Pero si se cultiva verdadera impersonalidad, se desarrolla el poder de mantenerse firme, se maneja toda la situación con espíritu de amor, no se actúa precipitadamente ni permite que se infiltre la separatividad, entonces se desarrollará un grupo de verdaderos servidores, que reunirá a quienes puedan materializar el plan, producir el nacimiento de la nueva era y sus consiguiente milagros.

    Discipulado en la Nueva Era, I: pp. 444-446.

    1. Trataré de hacer dos cosas:

    I. Indicar el objetivo inmediato para los estudiantes de este siglo y resumir los pasos que deben dar.

    II. Indicar lo que debe ser eliminado y vencido, más los castigos en que incurren el neófito y el discípulo, cuando cometen errores, y las faltas perdonadas.

    La meta inmediata

    Debe ser bien reconocida la meta inmediata, si se quieren evitar esfuerzos inútiles y alcanzar verdadero progreso. Muchos aspirantes bien intencionados son propensos a dedicar demasiado tiempo a sus aspiraciones y a formular sus planes para el servicio. La aspiración mundial es actualmente tan pronunciada y la humanidad se está orientando tan poderosamente hacia el sendero, que en todas partes las personas sensibles son arrastradas hacia ese vórtice de deseo espiritual, y anhelan ardientemente alcanzar en la vida la liberación y emprender empresas espirituales y registrar la conciencia del alma. El reconocimiento de sus propias posibilidades latentes es hoy tan fuerte que se sobrestiman a sí mismos; dedican todo su tiempo en imaginarse que son místicos ideales, o en deplorar su falta de realización espiritual o fracaso si no obtienen una esfera de servicio. Por un lado se pierden en los vagos y nebulosos reinos de un hermoso idealismo, de coloridas hipótesis y de encantadoras teorías; por otro se engolfan en un campo fructífero de servicio, haciendo autodramatizaciones como centros de poder; desarrollan planos mentales para esfuerzos mundiales, se ven a sí mismos como un eje en torno al cual se moverá ese servicio; con frecuencia se esfuerzan por realizar esos planes y forman, por ejemplo, una organización en el plano físico, potencialmente valiosa, pero el mismo tiempo potencialmente inútil, aunque no sea peligrosa. No comprenden que el impulso motivador reside principalmente en lo que los instructores indúes llaman “el sentido del yoismo”, y su trabajo se funda en un egoísmo subjetivo que debe. ser eliminado, y lo será, antes de prestar el verdadero servicio.

    Discipulado en la Nueva Era, I: pp. 441-442.

    1. En esta época se exige la movilización de todos los discípulos y al decir “esta época” me refiero no sólo el momento actual, sino a los próximos cincuenta años. Esta movilización implica el enfoque de las energías del discípulo, su tiempo y sus recursos, en bien de la humanidad; requiere una nueva dedicación al servicio, la consagración de la vida mental (¿se dan cuenta, hermanos míos, lo que eso significaría?) y el olvido del yo, que rechazaría todo estado de ánimo y sentimiento, todo deseo personal, resentimientos, quejas y todas las pequeñeces que surgen en las relaciones con sus semejantes. En el plano físico significa condicionar la entera vida externa activa, de modo de convertirla en una vida de servicio activo y concentrado. Les pido que estudien las frases que anteceden, ulilizándola como luz reveladora, para saber de qué adolecen y qué deben hacer.

    Hagan hoy un nuevo comienzo, no para su propio bien, sino para ayudar a un mundo necesitado. Olvídense de sí mismos.

    Discipulado en la Nueva Era, II: p. 104.

    1. Una de las primeras lecciones que deben aprender quienes se están entrenando para la iniciación, es la difícil y doble actitud que permite la correcta actividad de la personalidad y el verdadero interés en los asuntos de esta, y al mismo tiempo impide que nada personal interfiera la vida espiritual subjetiva, el servicio y el entrenamiento preparatorio para la iniciación.

    Discipulado en la Nueva Era, II, p. 105.

    1. El servicio que puede prestar tiene más valor para usted que el que puede prestársele a usted. (5-283)

    2. El mundo ofrece hoy oportunidad a los discípulos para que lleguen a ser discípulos mundiales, cerca del corazón del Maestro, y pasar rápidamente por las primeras etapas del discipulado. También brinda la oportunidad a los discípulos mundiales para que inicien su acercamiento al Corazón de la Jerarquía, el Cristo. Deben interesarse por esta primera posibilidad, porque – a medida que se acercan a su grupo – pueden comenzar a recibir ese entrenamiento que desarrollará en ustedes la utilidad mundial. ¿Se sienten la mayoría demasiado viejos para lograrlo? Ustedes dirán. El alma no tiene edad, y puede utilizar su instrumento si éste es apropiado y está disponible. ¿Están demasiado centralizados y preocupados en sí mismos para prestar servicio mundial, mediante el necesario desapego? Esto tienen que descubrirlo y comprobarlo ustedes mismos… 6 Están muy deprimidos (sinónimo de egoísmo) y son demasiado sensibles para prestar servicio a la humanidad en forma más amplia que hasta ahora? Esto puede ser superado si tienen suficiente interés. ¿La conciencia de ustedes es constantemente conciencia grupal? ¿O es una constante conciencia de sí mismos que se interpone continuamente entre ustedes y sus semejantes? Esto lo tienen que descubrir por sí solos. ¿Poseen la profunda humildad – basada en el conocimiento del Plan y la gloria de la meta – en vez de un sentido de menosprecio de sí mismos por el que se vanaglorian y consideran que significa humildad espiritual? Deberían volver a interpretar este tema de la humildad, como también todos los términos, a la luz de los valores esotéricos y espirituales. ¿Pueden hacerlo?

    Discipulado en la Nueva Era, II: pp. 704-705.

    1. De su respuesta comprensiva a la necesidad colectiva dependerá la rapidez con que podrán alcanzar la siguiente y posible expansión de conciencia, o iniciación, como individuos. Por lo tanto, deben tener en cuenta la respuesta individual a las demandas de su propia alma y la respuesta colectiva a la necesidad colectiva. Para este servicio colectivo se exhorta al iniciado que está en ustedes, el Cristo; la radiación actual del espíritu crístico, activamente presente en los corazones de todos los discípulos, es lo único que puede salvar al género humano, permitir a la humanidad avanzar en el sendero del discipulado y evocar así ese nuevo espíritu que puede construir y construirá el nuevo mundo.

    Los Problemas de la Humanidad: p. 218.

  • Un desafío

    Desafío a todos los pensadores del mundo a abandonar sus sectarismos, nacionalismos, partidismos y, con espíritu de hermandad, a trabajar en su nación, considerándola como parte integrante de una gran federación de naciones – federación que ya existe internamente, pero espera ser materializada mediante la actividad de los pensadores del mundo. Los incito a trabajar por la causa de la religión y en el campo de esa religión particular, en la que están interesados, ya sea por accidente de nacimiento o elección, ya por considerar cada religión como parte de la gran religión mundial. Deben también considerar que las actividades de su grupo, sociedad u organización, demandan ayuda, en la medida y sólo en la medida en que los principios sobre los cuales se fundan y las técnicas que emplean, sirvan para el bien general y promuevan la realización de la Hermandad.

    Les pido que abandonen sus antagonismos y antipatías, odios y diferencias raciales y traten de pensar en términos de una familia, una vida y una humanidad. No pido una respuesta sentimental ni devocional a este desafío. Lea recuerdo que el odio y la separatividad han llevado a la humanidad a su penosa situación actual. Sin embargo, agregaría a esta advertencia, que existe hoy en el mundo una cantidad suficiente de personas que alcanzarán la liberación, las cuales podrán producir cambios en las actitudes del género humano y en la opinión pública, siempre que se pongan a la altura, por un acto de la voluntad, de lo que ellas conocen y creen.

    También los desafío a que se sacrifiquen, a consagrarse a sí mismos, a dar su tiempo y su dinero, y se interesen en difundir estas ideas entre quienes los rodean, en su medio ambiente y en el grupo al cual pertenecen, despertando así a sus compañeros de grupo. Los exhorto a que hagan un esfuerzo unido para inculcar nuevamente las ideas de hermandad y unidad. Les pido que reconozcan a quienes trabajan en todos los grupos y los ayuden. También les recomiendo que guarden silencio ante las palabras de odio y de crítica y que hablen en términos de hermandad y de relaciones grupales. Les ruego que procuren hacer de cada día un nuevo día, en el que enfrentan una nueva oportunidad. Traten de olvidar sus propios asuntos, sus pequeñas penas, preocupaciones y suspicacias, ante la urgencia de la tarea que debe realizarse, y difundan el culto de la unidad, el amor y la inofensividad.

    Además quisiera que se aparten de los grupos que tratan de destruir y atacar, no importa cuán sincero sea su móvil. Adhiéranse a los trabajadores que tienen fines constructivos, que no luchan contra otro grupo u organización, y que han eliminado de su vocabulario la palabra “anti”. Estén de parte de los que construyen silenciosa y constantemente para el nuevo orden – orden que se funda en el amor, construye bajo el impulso de la hermandad y posee la comprensión de la hermandad, basada en el conocimiento de que cada uno y todos, no importa cual sea nuestra raza, somos hijos del Padre Uno y hemos llegado a comprender que los antiguos modos de trabajar deben desaparecer y proporcionar una oportunidad a los nuevos métodos.

    Si no saben enseñar, predicar o escribir, aporten ideas y dinero para que otros puedan hacerlo. Ofrezcan sus horas y minutos de ocio para que otros queden libres y puedan dedicarse a servir al Plan; contribuyan con su dinero para que pueda progresar con mayor rapidez el trabajo de quienes pertenecen al Nuevo Grupo de Servidores del Mundo. Se pierde mucho tiempo en cosas no esenciales. La mayoría de ustedes dan poco o nada de su tiempo. Lo mismo pasa con el dinero. Deben dar como nunca han dado antes, a fin de posibilitar la parte física del trabajo. Hay quienes ofrecen lo único que poseen, y el poder que tal actitud libera es muy grande. Quienes actuamos en el aspecto interno agradecemos todo lo que dan con gran sacrificio personal. Otros dan lo que les sobra y sólo cuando no implica sacrificio. Esta condición debe terminar; se debe dar al máximo con comprensión y justicia para que la era de amor y de luz se introduzca con mayor celeridad. No importa dónde o a quien dan, basta dar – poco si tiene poco tiempo o dinero; mucho, si Poseen mucho. Trabajen y den, amen y piensen, ayuden a esos grupos que construyen y no destruyen, aman y no atacan, erigen y no derriban. No se dejen engañar con argumentos plausibles de que la destrucción es necesaria. Sin duda lo fue, pero el ciclo de destrucción prácticamente ha terminado ¡si pudieran comprenderlo!, y los constructores deben ahora ponerse a trabajar.

    Por sobre todo los incito a que lleven una vida más profunda, y les imploro que, para bien de sus semejantes, refuercen el contacto con la propia alma; con lo cual habrán desempeñado su parte para posibilitar la revelación, habrán ayudado a traer la luz y estarán por lo tanto en condiciones de beneficiarse por esas nuevas luz e información y podrán indicar mejor el camino y despejar el sendero al desconcertado buscador. Quienes no están preparados para los acontecimientos serán cegados por la emergente luz, confundidos por la maravilla que se revelará e impelidos por el aliento viviente de Dios; les corresponde a ustedes capacitarlos para ese acontecimiento.

    Psicología Esotérica, II: pp. 158-160.

  • El verdadero servidor

    Al Maestro no le interesa la fuerza oposición mundana del trabajador, ni la cantidad de personas que se reúnan alrededor de su personalidad, sino los móviles que impulsan su actividad y el efecto que su influencia ejerce sobre sus semejantes. El verdadero servicio es la emanación espontánea de un corazón amoroso y de una mente inteligente, el resultado de hallarse en el lugar correspondiente y permanecer en él; el producto de la inevitable afluencia de la fuerza espiritual y no de la intensa actividad en el plano físico; es el efecto del hombre cuando expresa lo que en realidad es, un divino Hijo de Dios, y no el efecto estudiado de sus palabras o actos. Un verdadero servidor reúne alrededor de él, a quienes es su deber servirlos y ayudarlos por medio de la fuerza de su vida y su personalidad espiritualizada, y no por sus pretensiones o aseveraciones orales. Sirve olvidándose de sí mismo, sigue su camino abnegadamente, no piensa en la magnitud o el fracaso de sus realizaciones, ni tiene ideas preconcebidas de su propio valor o utilidad. Vive, sirve, trabaja y ejerce influencia, sin pedir nada para el yo separado.

    Discipulado en la Nueva Era, I: p. 144.

  • La Cadena de Unión

    Que los Santos Seres,
    cuyos discípulos aspiramos a ser,
    nos muestren la Luz que buscamos
    y nos den la fuerte ayuda de su Compasión y Sabiduría.

    Hay una paz que sobrepasa el entendimiento,
    mora en el corazón de Aquéllos que viven en lo eterno.
    Hay un poder que renueva todas las cosas;
    vive y actúa en Aquéllos que reconocen la Unidad del Ser.

    Que esa paz descienda sobre nosotros,
    que ese poder nos eleve
    hasta donde se invoca al Iniciador Único,
    hasta que veamos resplandecer su Estrella.